Sólo de pensar en la próxima presentación que tendrás que realizar ante un nutrido auditorio, ¿te pones enfermo? ¿Te produce una gran ansiedad hablar en público? Aunque la perspectiva no te atemorice, ¿percibes que no llegas a conectar sinceramente con la audiencia?
Si quieres aprender a superar tu miedo y a conectar mejor, tal vez deberías empezar por hacerte la siguiente pregunta:
Cuando preparas una presentación, ¿en quién estás pensando la mayor parte del tiempo? ¿En ti mismo o en tu audiencia?
El miedo sano te centra en la audiencia, el miedo insano te centra en ti mismo
Ante una futura intervención en público, phobos, el miedo patológico, nos inmovilizará, impidiéndonos vivir el ahora. En lugar de aprovechar nuestro tiempo y energías para investigar a la audiencia, acumular un buen material, crear una gran presentación, pasaremos las horas previas, ya sean de vigilia o de sueño, dándole vueltas a nuestros temores: ¿haré el ridículo?, ¿me pondrán en evidencia con preguntas difíciles?, ¿me quedaré en blanco?, ¿estaré a la altura?, ¿lo haré mejor que fulanito o menganito?, ¿obtendré una buena reseña?, ¿habré convencido al cliente? Yo, yo, yo y sólo yo. ¿Te das cuenta? Sólo piensas en ti mismo y en cómo lo harás. En ningún momento se te ha ocurrido pensar en las necesidades de la audiencia ni en cómo servirla mejor. Nunca olvides que en una presentación no hablas para ti, hablas para la audiencia. Phobos hunde sus raíces en el ego: tu propio temor te hace tener ojos sólo para ti. Pero si sólo te preocupas por ti mismo, ¿cómo esperas conectar con la audiencia?
Deimos, el miedo sano, nos mantiene alerta ante las necesidades de la audiencia: ¿qué necesita?, ¿me está siguiendo?, ¿estoy resolviendo su problema?, ¿cómo puedo ayudarle mejor?, ¿le aportará valor mi presentación? Cuanto más te preocupas por la audiencia y menos por ti mismo, menor será tu miedo a hablar en público y mejor conectarás con ella. En lugar de ver a la audiencia como una amenazadora masa indiferenciada, aprenderás a verla como un conjunto de personas individuales, cada una de ellas con sus inquietudes, expectativas y valor intrínseco. En el momento en que empieces a valorar a la audiencia, podrás aportarle valor. Y el miedo se irá por sí mismo.
Puedes ser un orador técnicamente perfecto, pero el público siempre sabe cuándo te interesas por él
La inseguridad hace que busques la aprobación de tu audiencia. Cuanto más necesites su aceptación, más te esforzarás por impresionarla y menos por satisfacer sus necesidades. El miedo puede ser sutil. Muchos oradores no temen enfrentarse a una audiencia; temen no ser evaluados como el mejor ponente del evento o no apabullar al cliente. La madurez de un ponente no sólo se mide por la calidad de sus presentaciones, antes incluso por su capacidad para ver y actuar por y para la audiencia.
Cuando tu ego desaparece, deimos triunfa, phobos retrocede.
No conviertas tu presentación en una sesión de karaoke
¿Qué es lo que más te preocupa cuando se acerca tu próxima presentación?

20:43
juan merodio
Enhorabuena x el blog, he sacado conclusiones muy buenas xa mis presentaciones
18:47
Gonzalo Álvarez Marañón
Gracias por tu comentario, Juan. Me alegra mucho saber que ayuda a que mejoremos nuestras presentaciones.
19:33
::metamike::
Hola Gonzalo, aunque solo nos seguimos por twitter (y visitamos los blogs mutuos) ya te voy avisando que cierto personaje que se parece al actor de “cariño he encogido a los niños” nos quiere liar y por mi parte ha sido un auténtico placer saber que era de ti de quien me hablaba.
lo dicho, te transmito mi intención de invitaros a comer y así conspiramos juntos. Un fuerte abrazo y te sigooooooo
8:09
Gonzalo Álvarez Marañón
Una invitación así no se rechaza ;-)
10:04
luismiguel
Debo decir al respecto de esta entrada que a mí, en particular, lo que me ayudó a superar el miedo a hablar en público fué, precisamente, olvidarme de la audiencia, despreocuparme de su opinión y de lo que pudieran pensar sobre mí. Quizá eso hay hecho que mi ego se infle un poco, pero me ha sido de gran utilidad de cara a mantener controlado el nerviosismo previo a una intervención. Supongo que la clave radica en que cada cual encuentre el equilibrio entre reafirmarse a sí mismo e interesarse por los oyentes.
Un Saludo y sigue así, Gonzalo.
14:39
Gonzalo Álvarez Marañón
Por supuesto, una cosa es despreocuparse de la opinión de la audiencia, del qué dirán, de cómo les caeré, si les gustará mi charla, etc., que es centrarse en mí, en mí, y en mí, y otra tener a la audiencia en mente a la hora de preparar la presentación y hacerla: ¿cómo puedo ayudarles? ¿cuáles son sus necesidades?, ¿cómo aportarles valor?
El ponente dominado por el ego piensa sólo en sí mismo; el ponente que se da a los demás piensa en la audiencia, precisamente porque no le preocupa su opinión sobre su persona ni lo que puedan pensar.
No busca agradar, busca servir.
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