Esta entrada ha sido amablemente escrita por Virginia Rodríguez, más conocida como “Lanena” en círculos del mundo de la belleza, donde desarrolla labores de asesoría de imagen, belleza, colorimetría, cosmética, moda y morfología para clientes particulares.
Según los expertos nuestra imagen se compone en gran parte por nuestra apariencia (vestuario, nuestro aspecto personal, etc.), después por nuestra forma de comportamos en público (gestos, posturas, contacto visual, actitud, expresión, etc.) y por último por nuestra forma de hablar. Y si, como dicen, todos nos dejamos influir por la información que recibimos de los demás durante los primeros 10 segundos, estaréis de acuerdo conmigo en que no hay una segunda oportunidad de causar una buena primera impresión.
Nuestra cultura, gustos, preferencias, etc., se exteriorizan mediante nuestra indumentaria, forma de caminar o movernos. Todos asociamos la imagen de cada persona con ciertos juicios y valores. Nuestro inconsciente genera una especie de base de datos con esa información y va catalogando cada nuevo individuo dentro de esos cánones para aceptarlo o rechazarlo.
Ya que el mayor porcentaje de nuestra imagen es nuestra apariencia y no tenemos más que 10 segundos para causar una buena impresión, creo que es aconsejable que le prestemos la atención que se merece. Nuestra apariencia hace que las personas se formen una idea aproximada de cómo somos, a qué nos dedicamos, nuestro estatus socioeconómico, nuestro nivel cultural, nuestros gustos, … El poder de tu imagen está en tus manos, ya que te expresas y comunicas con los demás a través de las prendas, complementos y la manera de combinarlos.
Si te vas a poner delante de 5 ó de 50 personas hay que tener en cuenta unas cuantas cosas:
Lo primero de todo, saber de qué vas a hablar y cómo presentarlo: que de esto puedes aprender mucho en este blog.
Después, repasar prenda por prenda lo que vas a llevar puesto. Hay algunos aspectos que deben darse por sentados:
Si quieres que la gente se acuerde de tu empresa cuando das una conferencia, debes recordar que en ese momento eres la persona con quien se identifica la empresa y que, por tanto, no puedes pasar desapercibido. Debes generar un recuerdo.
A Ernest Riveras siempre le ponen camisas demasiado holgadas y parece que esté más gordo de lo que seguro está
Te pueden recordar por tu presentación. Puedes hablar muy bien, ser ameno y conseguir que no se te duerman y si además añades a tu imagen personal un pequeño detalle que pueda diferenciarte de los demás ponentes y que sea representativa de tu personalidad o carácter, seguro que no te olvidan.
Para ello no puedes perder tu identidad a la hora de vestirte. Innumerables veces he oído decir a la gente que se “disfraza” o se pone el “uniforme” a la hora de ir a la oficina, reunión, conferencia,… ¿por qué? Entiendo que hay una etiqueta que se debe tener en cuenta y no por ello debemos dejar de ser quienes somos.
Si no te gusta para nada el estilo formal (por ejemplo: traje chaqueta) añade tu toque personal con:
Hay unas cuantas formas de darle un toque personal a un atuendo formal sin olvidar que tu imagen te representa a ti y a tu empresa.
Para saber cuáles son los colores que más te favorecen tienes que realizar un Test de Colorimetría. Los tests de colorimetría sirven para saber los colores que más favorecen a cada persona, es decir los colores que sientan bien o aportan belleza natural a cada individuo. Un test de Colorimetría nos facilita una tabla de colores que combinarán perfectamente con los colores naturales que hemos heredado genéticamente como son el color de pelo, el color de los ojos y el tono de nuestra piel. Dicho con otras palabras, esa tabla de colores resultantes tendrá la misma temperatura de color, la misma intensidad y el mismo grado de contraste que los colores que se aprecian en tu pelo, ojos y piel.
Cuando utilizamos uno de nuestros colores, el rostro parecerá estar iluminado desde abajo y como por arte de magia, veremos cómo las líneas de expresión se minimizan y las ojeras se aclaran. La apariencia general parecerá tener una piel más suave, fresca y joven, realzando el color de los ojos y de los labios.
Localizar la paleta de colores que nos complementa y aprender a utilizarlos nos ayudará a proyectar una mejor imagen de nosotros mismos. Como resultado, nuestra autoestima subirá, con lo que si estamos bien por dentro se verá reflejado hacia el exterior.
Ya que la imagen es nuestra “tarjeta de visita” cuando nos ponemos delante de alguien, hagamos que nuestra imagen refleje lo mejor posible nuestra personalidad, profesionalidad, buenos modales y así poder dejar una huella única en el prójimo. ¿Te animas?
No existe una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión
Sinfonía verbal y no verbal 7/38/55
¿Cómo te vistes para tus presentaciones? ¿Qué importancia le das al atuendo?

9:21
Iñaki Murua
Yo suelo añadir un criterio más: adecuarse, en la medida de los posible y tal y como apuntas, al contexto en el que vamos a intervenir, a quienes nos van a escuchar
9:34
Ban
No puedo estar más en desacuerdo. Los buenos modales y las intenciones tienen muy poco que ver con la apariencia. ¡Cuanto impresentable banquero y político viste como un figurín impoluto!
Allá cada cual con el disfraz que se ponga. Si se juzga en 10 segundos al orador por su aspecto, muy poca atención se le está prestando al mensaje. ¿¡Y cómo que no hay una segunda oportunidad de causar buena impresión!? Por supuesto que sí.
Dígame si estos consejos se aplican por ejemplo al difunto Steve Jobs, en sempiternas zapatillas, con vaqueros y jerséi de cuello vuelto. Y como él, muchas de las personas que hoy crean valor en el mundo tampoco se atienen a estos estereotipos trasnochados.
10:10
Roger Prat
Es increible la cantidad de detalles importantes que pasamos por alto cuando nos obsesionamos en nuestro Power Point.
Ciertamente deberíamos dedicar mucho más tiempo a preparar estos primeros 10 segundos.
Gracias por los consejos. Interesante el tema del test de colorimetría. Lo intentaré aplicar a mi caso (espero que no me toque cambiar el fondo de armario ;-)
11:11
Virginia Rodríguez "Lanena"
Ha sido un placer colaborar con “El Arte de Presentar” Muchas gracias por la oportunidad.
Sobre los comentarios debo decir que me parece perfecto que cada uno tenga su punto de vista.Eso hace que cada uno construya su estilo personal.
Estoy de acuerdo con Iñaki Murua. Ban, dices que los banqueros son “impresentables”. Eso es que ya tienes un juicio predefinido sobre ellos. En el caso del estilo de Steve Jobs es que eso era lo que quería transmitir: “cercanía”. Si se hubiese cambiado de atuendo de repente ya no le reconoceríamos. :)
Un saludo y gracias a todos por los comentarios :)
Pingback: Comunicación, Periodismo & Social Media: ¿Qué está ocurriendo hoy, martes 6 de marzo de 2012? | Silvia Albert in company
13:21
Gonzalo Álvarez Marañón
Cuando uno se sube a un escenario, todo, absolutamente todo, comunica: la ropa, la expresión facial, la postura, el movimiento, los gestos, la mirada, las palabras, la voz, el diseño de las transparencias, el tiempo que habla, cómo responde a las preguntas, … ¡todo!
Es imposible no comunicar.
La ropa es otro elemento más de esa comunicacion, que podemos usar a nuestro favor o en nuestra contra. No deberíamos juzgar a los demás por las apariencias, pero lo hacemos. Sabiendo el impacto enorme que tiene nuestra forma de vestir, debemos cuidarlo igualmente. Todo contribuye a la creación de la imagen que proyectamos. Y nuestro deber es controlar esa imagen.
Muchas gracias, Virginia, por escribir la entrada, y al resto, por vuestros comentarios.
19:45
Juan RVG
Personalmente no creo que la ropa o el aspecto sean importantes en un absoluto.
Lo realmente importante es que la ropa y el aspecto digan al público lo que nosotros queremos que le digan.
Si ignoramos este aspecto (saber que decimos con nuestro aspecto y como esto encaja en nuestra planificación), estamos listos para ser enjuiciados de una manera que se escapará a nuestro control y que probablemente perjudique nuestros intereses.
23:40
Gonzalo Álvarez Marañón
Me atrevería a decir que TODO tiene su importancia. En un mundo ideal el aspecto nos daría igual, pero en este mundo juzgamos el libro por la cubierta. Nuestra ropa y aspecto están comunicando. Debemos ser conscientes de qué imagen proyectamos con ellos y si realmente coincide con la que deseamos proyectar. Como bien dices, debemos mantener el control de nuestra imagen.
9:13
Juan RVG
Normalmente se dice que “hay que tener buena imagen” y eso se asocia a un determinado estilo (con una horquilla más o menos amplia de variables… ¡dejando al margen la obvia higiene personal!) lo cual creo que a priori limita las posibilidades añadidas, de manejar esta variable.
Creo que habría que hacer más énfasis en la vestimenta como un instrumento más de la “escenificación” o preparación de la charla, no cómo un prerequisito. Ser conscientes de qué decimos con ella y controlar este aspecto activamente: ir con chaqueta y corbata no tiene necesariamente que transmitir a nuestra audiencia proximidad o fiabilidad, de hecho, puede que haga lo contrario.
Un saludo y felicidades de nuevo por este blog tan útil.
9:19
Iñaki Murua
Por eso yo comentaba la adecuación, en la medida de lo posible, a audiencia y contexto. Según cuándo y dónde no se ocurriría ponerme corbata, por ejemplo.
Pingback: Presentando al alimón « El Arte de Presentar