10 claves para un discurso acertado

Esta entrada ha sido amablemente escrita por Fran Carrillo Guerrero, Director de La Fábrica de Discursos y asesor de comunicación pública.

Reconócelo. Te bloqueas cuando te enfrentas al folio en blanco, ese mar de oportunidades en el que la creatividad se pone al servicio de la imaginación y el talento natural se da la mano con la inspiración del momento. Tienes muchas ideas y ningún orden, muchos comienzos pero ningún principio, frases sueltas sin forma ni fondo. Poderosas por sí mismas, no te convencen cuando las enlazas. Es normal. Nos pasa a todos. Yo le llamo el “Síndrome del arquitecto aplanado” (no hay plano, no hay estructura).

Una cuestión que debes entender antes de empezar a escribir: el discurso es la capacidad para ampliar el círculo de confianza de la gente. Y también para reducirlo. Es a través del discurso donde el orador ejecuta sus virtudes menos conocidas… y sus defectos más acusados. El discurso es la llave que te puede conducir al aplauso masivo de los oyentes o a la condena unánime de quien te escuche. Por eso hay un antes y un después de pronunciar un discurso.

Dale Carnegie solía decir que a todos los oradores, cuando terminan de exponer una presentación, de comunicar una ponencia, de declamar un discurso en definitiva, les asaltaba una sensación frecuente, pero al mismo tiempo especial: el discurso que habían pronunciado distaba mucho del discurso que les hubiera gustado pronunciar, apenas se parecía al que habían ensayado y no tenía nada que ver con el que le gente esperaba oír. Se juntan en esas sensaciones reunidas cuatro conceptos relacionados con toda comunicación pública e indispensables para alcanzar el éxito personal y profesional, objetivo de cualquier orador y/o discursista: una, la intención (el discurso que deseaba declamar a priori); otra, la culminación (el discurso que finalmente pronunció); otra, la preparación (garantía de seguridad personal); y, la última, la percepción (del público hacia el protagonista). Conocimiento, práctica, empatía y persuasión, los cuatro elementos que conforman el camino por el que debe transitar todo orador para alcanzar el triunfo en lo que hace.

El discurso es la base, el origen de toda oratoria posterior, la estructura que permite una declamación perfecta y que nutre a los oradores, emocionales o no, de las proteínas literarias para convencer a la contraparte. Y se articula en torno a las preguntas correctas que nos ayudan a saber dónde ponemos el foco y para qué. Por ejemplo:

  • ¿Qué tenemos que hacer para crear un discurso ganador?
  • ¿Qué debemos mirar?
  • ¿Qué imagen queremos proyectar?
  • ¿Qué sensación queremos dejar?

Todo discurso es un proceso de SedAcción (golpea con la palabra) y Seducción (envuelve con la imagen, el gesto, la mirada, la voz, la forma de moverse y acercarse). Para ello no hace falta tener un don natural ni un carisma innato, como bien afirma Sara Forsdyke, sino tener claro cómo entrar y cómo salir de él. Aquí te dejo diez claves que te ayudarán a entenderlo mejor.

DE ENTRADA

1) El primer minuto de tu discurso es importante, no porque sea el primero, sino porque no será el último. Disfruta y sonríe desde el principio.

2) Cuando escribas, hazlo la primera vez con el corazón. Para ello tienes que ver las caras de los personajes de tu historia. Y luego reescribe con la cabeza. Para ello piensa en las razones que moverán su comportamiento. Todo eso está ya escrito en ese folio en blanco.

3) No esperes un segundo para conquistar el mundo. Comenzar un discurso sabe cualquiera. Conectar, no. Decide.

4) No seas un vendedor de motos, sino una moto vendiendo. Carbura, acelera o frena en función de quién recibirá tu entrega. Recuerda que la ilusión del regalo no la produce el brillo del envoltorio sino la utilidad del contenido.

5) Cuando escribas y hables en público, tus ideas deben volar en clase business, pero tus palabras, en clase turista.

DE SALIDA

6) Todo discurso termina en el silencio y en la sonrisa, no en la palabra. Es el maridaje perfecto.

7) La memoria del oyente vuelve a activarse cuando sabe que estás terminando. Es momento de que te recuerden (las ideas-business), no de que te despidan.

8) El tono del mensaje es el espíritu de la idea. Todo guionista piensa en la música que pondrá fin a su película. Escribe mientras oyes tu melodía.

9) Un orador no es un constructor de viviendas vacías, sino un artesano que transmite conocimiento y herramientas de su saber. No le digas a la gente para qué sirve un martillo, muéstraselo.

10) Procura que tus últimas palabras sean versátiles, flexibles, personales y que no cambien según el contexto. Recuerda que tu discurso sólo será inmortal si el público lo hace eterno en su memoria y en su corazón.

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