Tienes una idea, un proyecto, una opinión que puede mejorar el rendimiento de tu departamento, de tu compañía y que puede beneficiarte. Pero antes de poder llevarla a cabo, tienes que entrar en ese despacho y convencer a quien está sentado en esa silla.

No es fácil, pero hay trucos que pueden ayudarte si planteas el proceso como una presentación bien hecha. Aquí te los contamos:

1¿Conoces bien a tu audiencia?

Cuando planteamos una presentación tenemos que tener bien clara a nuestra audiencia. Más de una vez me he encontrado en nuestros cursos con gente que acudía con la intención de convencer de algo a sus jefes y el argumento era algo así: “Quiero que se dé cuenta de que está haciendo algo mal y que lo haga como yo quiero”. Buen objetivo, pero difícil de conseguir.

Antes de empezar, anota en un papel algunos datos que puedan serte útiles: ¿Qué actitud tiene ante lo que le vas a contar? ¿Habrá alguien con él que pueda apoyarte o perjudicarte? ¿Vas a plantearlo a primera hora cuando está fresco o después de comer, cuando tenga pocas ganas de escucharte? ¿Tiene prisa o te puede dedicar tiempo? Haciéndote estas preguntas, podrás valorar el contenido de tu discurso, la duración y seleccionar qué temas son más importantes.

2¿Es relevante para él o ella?

Un jefe no deja de ser una audiencia. Y como cualquier audiencia, si lo que le cuentas no le resulta relevante, terminará preguntándose “¿Y a mi qué?”. ¿Cómo le beneficia lo que le cuentas? ¿Qué gana con el cambio? ¿Mejorará su posición o status? ¿Considerará que es importante para la compañía?

Piensa que él o ella también tiene que responder ante superiores, accionistas, responsables financieros u otros.

Si sólo te beneficia a ti, difícilmente lo verá como una opción a considerar. Plantea la situación como un problema que pueda afectarle de alguna forma. Trata de exponer la situación desde su enfoque en vez de desde el tuyo.

3Haz el camino fácil

Las personas tememos los cambios y no cambiamos si no es por un buen motivo. Para conseguir que vea el cambio como algo viable, hazlo fácil. Hazlo seguro. Por ejemplo ¿lo que propones podría tener un periodo de prueba? Si lo planteas como un cambio reversible y aparentemente inocuo, es más fácil que lo apoye.

4Plantea un objetivo alcanzable

No intentes ir de  A a Z ni conseguir todos tus objetivos de golpe. Las guerras se ganan batalla a batalla. Es mejor que vayas poco a poco con objetivos que tu jefe pueda alcanzar y manejar. A veces no es que no crean que no tenemos razón, simplemente no tienen capacidad de ayudarnos y se pueden  sentir presionados.

5Aporta evidencias

¿Hay algún dato que soporte lo que dices? Llévalo anotado. Si incrementa la productividad, si ahorra costes, si es una solución más flexible, corrobóralo con datos que lo prueben para ese caso o para casos análogos que puedan dar confianza a tu jefe de que es una decisión segura.

6Cuidado con las emociones

Cree en lo que dices con pasión, pero sin vehemencia. Si surge el enfrentamiento, tienes todas las de perder. Demuestra que entiendes su posición y no te blindes. Si discutes no podrás rescatar el tema para luchar otro día.

7Busca la conversación

Plantéate como un posible objetivo “que se hable de ello”. No intentes ser dogmático. Sólo podrás llegar a un acuerdo a través de la conversación sosegada.

DIÁLOGO ABIERTO

Y a ti, ¿qué tal se te da persuadir a tu jefe?

[Créditos: Imagen de cabecera diseñada por el autor para este artículo con elementos de ShutterStock.]