El ingenio de nuestra mente para encontrar formas de provocarnos miedo e inseguridad parece inagotable. Hoy quiero comentar tres conductas muy comunes —vicios, las he llamado—en las que a menudo incurrimos y por culpa de las cuales nuestras presentaciones no brillan como debieran. Toma buena nota de ellas.

1Sentirte culpable por no haberte preparado lo suficiente
El mejor antídoto contra el miedo a hablar en público es la preparación. En mis cursos sobre Comunicación de Alto Impacto insisto sobre ello continuamente: para colocarte delante de la audiencia con la mayor garantía posible de serenidad y confianza, ensaya, ensaya, y ensaya. No conozco otra solución (y, desde luego, desaconsejo ingerir tranquilizantes o cualquier otro tipo de fármacos de efecto similar). Pero reconociendo que, como humanos que somos, la perfección y lo ideal a menudo distan bastante de la realidad que habitamos, cabe la posibilidad de que en alguna ocasión te veas haciendo una presentación para la que no te hayas preparado suficientemente. En ese caso sólo te puedo decir una cosa: a lo hecho, pecho. Adelante, colócate frente a tu audiencia y acepta definitivamente que cualquier cosa puede suceder. Ve desarrollando tu presentación con naturalidad y excúsate por los errores ostensibles que pudieras cometer (y recuerda no señalar aquellos que nadie advierta). Pero, sobre todo, no albergues sentimientos de culpa ni te hagas reproches por lo que debiste hacer y no hiciste. De lo contrario, tu actitud y tu conducta muy probablemente lo transmitan, y tu audiencia entenderá casi inconscientemente que te has considerado derrotado desde el principio. Acepta tus circunstancias y avanza. ¡Adelante y sin miedo!

2Rememorar fracasos anteriores
Todos hemos oído hablar de los ejercicios de visualización que los deportistas de élite practican antes de la competición. Utilizan la imaginación para verse victoriosos y acostumbrar al cuerpo a las acciones y las sensaciones que los llevarán al triunfo. La idea que subyace a esta práctica es que mediante el ejercicio previo y continuado de la facultad de la imaginación pueden estimularse y practicarse todos los elementos que intervienen en la manifestación de la conducta deseada. Si esto es verdad, ¿qué produciremos visualizando fracasos y errores pasados? Más fracasos y más errores. Nunca rememores fracasos pasados o imaginados. No lo hagas en ningún momento, pero desde luego jamás cuando aguardes el comienzo de tu intervención. Si usas la imaginación, que sea para proyectar escenas de éxito y sensaciones positivas. La imaginación es una espada de doble filo. Úsala con cuidado, no te vayas a cortar.

3Compararte con el orador precedente
Si has tenido la suerte de haber presenciado una intervención magnífica a cargo de uno de los ponentes que te preceden, que te sirva de inspiración. Utilízala para emular y adaptar, sin copiar, lo que más te ha gustado. Toma nota mental de los aspectos sobresalientes para incorporar lo que mejor se adapte a ti en tu próxima presentación, pero no la uses para compararte desfavorablemente. Igual que en el caso anterior, eso sólo servirá para desanimarte y provocar en ti justo la actitud contraria a la que debes exhibir en ese momento.

La próxima vez que tengas que hacer una presentación, mantente alerta y no dejes que la actividad inconsciente de tu mente perjudique tus resultados.

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DIÁLOGO ABIERTO

¿Alguna vez has sorprendido a tu mente intentando infundirte miedo?

[Créditos: Businessman´s shadow, Shutterstock]

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