Hace exactamente cinco años publiqué mi primera entrada sobre El Arte de Presentar. Poco imaginaba por aquel entonces hasta qué punto un blog puede transformar la vida de una persona.

En cierto modo, escribir un blog es como plantar un árbol: primero entierras la semilla y esperas a que brote; luego riegas el arbolillo y lo nutres cariñosamente; y al cabo del tiempo empiezas a recoger los frutos del árbol, tímidamente al principio, a cestos llenos después.

1) PLANTAR LA SEMILLA

Al principio, cuando te planteas crear un nuevo blog en un ciberespacio superpoblado, abrigas innumerables miedos:

  • Nadie me leerá porque ¿a quién va a interesar mi contenido?
  • No tendrá tanta calidad como otros blogs de temática similar.
  • Me faltará tiempo para escribir todas las semanas.
  • Perderé la motivación si no obtengo visitas.
  • Trolls perversos me criticarán y dejarán comentarios hostiles.
  • Me quedaré sin ideas en cuanto lleve una docena de entradas.
  • Cometeré errores registrados vergonzosamente para la posteridad.
  • Me rebasarán las cuestiones tecnológicas.

¿Os suenan?

Si esperas a que todo sea perfecto desde el primer día, nunca arrancarías un blog. Así que hay que empezar con lo puesto. En cuanto escribes tus primeras entradas y nadie te lee, te tranquilizas. Después de todo, tu blog es como una gota de lluvia en el océano. A nadie parece importarle. Y a pesar de todo, vas puliendo detalles y corrigiendo deficiencias. Sigues escribiendo y escribiendo y escribiendo.

Comprendes que un blog no exige tantos recursos como temías: económicamente, cuesta cero euros o poco más; técnicamente, es tan sencillo como crear una cuenta en WordPress y aplicar una plantilla; personalmente, basta con dejar de ver la TV para sacar tiempo si te planteas una periodicidad asumible.

Sólo importa mantenerte firme en tus objetivos: te apasiona el tema sobre el que escribes, comprendes que escribiendo sobre él aprendes más de lo que nunca imaginaste, tienes fe en que ayudará a cambiar el mundo según tu visión.

Como el protagonista de la película Campo de sueños, tú también piensas: “Si lo construyes, vendrán”.

Y efectivamente, terminan llegando.

2) REGAR EL ÁRBOL

Tímidamente al principio, a veces a borbotones, el caudal de visitas va aumentando. Algunos lectores comienzan a dejar comentarios. Otros blogs se hacen eco de tu trabajo. La gente retuitea tus entradas. Más animado, continúas escribiendo tus dos entradas por semana. Poco a poco encuentras tu propio estilo. Tu blog comienza a distinguirse de todos los demás. Te encuentras a ti mismo en tu blog.

No puedes detenerte ahora. Así como un árbol necesita tierra, agua y sol para crecer, un blog necesita tres ingredientes para perdurar:

  • Generosidad: Cuanto más conocimiento compartes, más atractivo resulta; cuantos más contenidos enlazas, más valor aportas; cuanto más respondes las dudas y problemas de tus lectores, mayor autoridad ganas.
  • Experiencia: Cuanto más estrecho es tu nicho, más destacada puede llegar a ser tu aportación; cuanto más practicas aquello sobre lo que escribes, más crece tu credibilidad; cuanto más compartes tus experiencias y conocimientos, mayor valor percibe la audiencia en tus entradas.
  • Diseño: El diseño de una entrada empieza por un título que enganche al lector y ofrezca una promesa cumplida luego en el texto; el diseño continúa con una estructura clara y sencilla que de un golpe de vista permite al lector hiperacelerado escanear tu entrada y asimilar sus contenidos clave; el diseño se remata con unos elementos visuales cautivadores que comuniquen en imágenes la esencia de tu contenido.

3) RECOGER LOS FRUTOS

Pasan los años. Si has perseverado y tus entradas han sido publicadas con sol o con lluvia, tu blog comienza a regalarte sus primeros frutos:

  • Aumenta tu influencia: Tu nombre empieza a aparecer en redes sociales, te llaman para participar en persona en todo tipo de eventos, buscan tu colaboración en medios más tradicionales como prensa, libros, radio y TV.
  • Obtienes ganancias increíbles: Obtienes aprendizajes sobre tu materia, sobre las personas y sobre ti mismo que no soñabas posibles cuando te embarcaste en esta aventura y se te revela el hecho de que nunca dejarás de aprender y mejorar; creas y alimentas relaciones increíblemente enriquecedoras con personas y organismos a los que antes nunca habrías accedido; rentabilizas económicamente tu blog si albergas publicidad o si lo utilizas como plataforma para comercializar tus propios productos y servicios.

Llegado a este punto, es cuando te detienes, miras atrás, sopesas todos los cambios que el blog ha propiciado en tu vida. Has crecido como persona, han cambiado tus intereses profesionales, todas las facetas de tu vida se han visto afectadas para bien.

Entonces te preguntas: ¿Cómo seguir evolucionando? ¿Cómo seguir creciendo y ofrecer cada año mejores contenidos, mejores productos, mejores servicios?

La semana que viene encontraréis las sorpresas que os tengo preparadas.

¡Feliz regreso de las vacaciones!

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