Imagina que estás trabajando como asesor para una línea aérea durante la Segunda Guerra Mundial. Los ingenieros de la compañía te presentan datos de aviones que han regresado de misiones de combate. Han identificado que ciertas partes de los aviones, como las alas y el fuselaje, presentan un número considerable de impactos de bala. El equipo propone reforzar estas áreas con blindaje adicional para reducir el riesgo de que los aviones sean derribados. ¿Estás de acuerdo con la recomendación de reforzar las zonas más dañadas?

1. Sí, reforzar las áreas más dañadas, ya que son las que reciben más impactos.

2. No, reforzar las áreas menos dañadas, ya que los aviones que no regresan probablemente recibieron impactos en esas zonas.

3. Reforzar todas las partes del avión por igual, para asegurar una protección uniforme.

4. No hacer cambios, ya que los aviones están regresando incluso con daños.


La respuesta correcta es la opción 2: Reforzar las áreas menos dañadas. Este ejemplo se basa en el análisis realizado por Abraham Wald, un matemático que trabajó en el Comité de Investigación de Operaciones durante la Segunda Guerra Mundial. Los datos recopilados corresponden únicamente a los aviones que lograron regresar de sus misiones, lo que significa que estas aeronaves pudieron soportar impactos en las zonas más dañadas. Por el contrario, los aviones que no regresaron probablemente sufrieron daños críticos en otras partes, como el motor o la cabina del piloto, que no están representadas en el conjunto de datos.

Ahora, vamos a darle un giro para entender cómo este principio sigue afectándonos hoy.

El Sesgo del Superviviente: ¿qué es y por qué nos enredamos en él?

El sesgo del superviviente es como mirar solo la punta del iceberg y pensar que tienes toda la información. Sucede cuando sólo se consideran los casos “exitosos” o supervivientes, ignorando todos aquellos que no superaron el proceso. En nuestro ejemplo de los aviones, el error de los ingenieros fue centrarse en los aviones que regresaron. Claro, parece lógico reforzar donde están los agujeros, pero ¡esos agujeros ya demostraron ser inofensivos! Lo crítico es preguntarse: “¿dónde están los agujeros de los aviones que no volvieron?”.

A continuación, veremos algunos ejemplos de la vida cotidiana que nos ayudarán a comprender mejor este sesgo y cómo influye en nuestras decisiones. Estos ejemplos ilustran cómo nos dejamos deslumbrar por los casos de éxito y nos olvidamos de aquellos que no llegaron a la meta.

La ilusión de los emprendedores exitosos: ¡cuidado con los consejos millonarios!

Este tipo de error no sólo ocurre en tiempos de guerra, sino en cualquier rincón de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, imagina que estás escuchando en un podcast una entrevista a un emprendedor que construyó un imperio. Él cuenta que trabajó 18 horas al día, nunca se tomó vacaciones y arriesgó todo su dinero una y otra vez. La narrativa es seductora: hasta parece una receta fácil para el éxito. Pero lo que no te cuentan es la cantidad de emprendedores que siguieron exactamente ese mismo camino y acabaron sin un euro en la hucha y con la salud destrozada. La realidad es que los que llegaron a la cima son los que “sobrevivieron”, pero no quiere decir que su manera sea la única ni la mejor. Si solo escuchas a los que llegaron, corres el riesgo de caminar hacia un acantilado sin verlo.

El gym y los gurús del fitness: no todo es tan perfecto como se ve en TikTok

Vamos con otro ejemplo clásico: el gimnasio y los influencers fitness. Ves esos cuerpos perfectos, te prometen que si sigues exactamente sus rutinas y comes lo que ellos comen, podrás lograrlo también. Pero, ¿y qué pasa con la gente que puso en práctica esas mismas rutinas y no logró el cuerpo de sus sueños? La parte que no se cuenta es la más importante: puede que esos influencers tengan una predisposición genética o que hayan pasado por años de ensayo y error hasta encontrar lo que les funciona. Quedarse con la parte visible es quedarse solo con la versión “bonita” del proceso, sin considerar cuánto falló la gente antes de tener éxito.

Las universidades de élite y los graduados exitosos: ¿es realmente el camino al éxito?

Otro ejemplo donde el sesgo del superviviente juega un papel importante es cuando pensamos en las universidades de élite. Vemos a muchas personas exitosas que asistieron a instituciones prestigiosas, y asumimos que ir a esas universidades es una garantía de éxito. Pero lo que no vemos son los miles de graduados de esas mismas instituciones que no lograron destacarse. De igual forma, también hay personas increíblemente exitosas que nunca pisaron una universidad de renombre. El problema aquí es que solo escuchamos la versión positiva: aquellos que llegaron lejos y tienen un título de una universidad reconocida. Este sesgo nos lleva a subestimar otros caminos que también podrían ser válidos y exitosos y a sobrestimar el poder de un título como única ruta al éxito.

El éxito de las relaciones románticas en redes sociales: no todo lo que brilla es amor

Si alguna vez has navegado por redes sociales, seguro te has topado con parejas que parecen tener la relación perfecta. Publican fotos románticas, viajes exóticos y siempre se les ve felices. Este despliegue nos lleva a pensar que seguir las dinámicas que muestran nos hará igual de felices. Pero lo que nunca publican son las broncas, los momentos difíciles o incluso las rupturas que muchas de esas parejas atraviesan. En realidad, las relaciones son complejas y la parte que se muestra en redes solo representa una fracción, a menudo cuidadosamente editada, de la realidad. Pensar que el éxito de una relación depende de emular lo que vemos en Instagram puede llevarnos a expectativas irreales y, peor aún, a frustración cuando nuestras relaciones reales no se alinean con esas versiones “perfectas”.

Sobrevivir a una enfermedad con «remedios naturales»: la parte que no te cuentan

También sucede con la salud. A veces escuchamos historias de personas que afirman haber superado enfermedades graves usando remedios naturales o alternativos. Esas historias se vuelven virales porque son inspiradoras y ofrecen esperanza. Sin embargo, lo que no nos llegan son las historias de aquellos que intentaron los mismos remedios y no sobrevivieron. Estos relatos se pierden porque, obviamente, no hay un final feliz que contar. Por eso, es crucial tener cuidado al considerar tratamientos no probados. Si solo nos enfocamos en los casos exitosos, corremos el riesgo de ignorar el hecho de que, para muchas personas, esos remedios no fueron suficientes y pagaron un precio muy alto.

Cómo evitar caer en el Sesgo del Superviviente

Para tomar mejores decisiones, necesitamos ampliar nuestra perspectiva y buscar las historias de los que no llegaron. Es un ejercicio difícil porque esas historias no suelen ser tan populares, pero son las que realmente te muestran los riesgos. Pregúntate siempre: “¿Qué pasó con los que no llegaron a la cima? ¿Qué no me están contando?” Cuestiona los consejos que vienen solo de casos exitosos y busca también a quienes tuvieron el valor de compartir cómo y por qué fallaron.

En resumen, no se trata de dejar de inspirarse, sino de no enamorarse de las historias de éxito. Si de verdad quieres construir algo valioso, necesitas ver todo el panorama, no solo los aviones que volvieron. A veces, los mejores consejos están en los agujeros que nadie está mirando.

¡Comparte este artículo con tus amigos! Tal vez ellos también necesiten dejar de enfocarse solo en las victorias visibles y empezar a pensar en todo lo que queda bajo la superficie. Porque para volar lejos, no basta con mirar los agujeros en las alas; hay que entender qué es lo que hace que el avión pueda seguir volando.

DIÁLOGO ABIERTO

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