¿Podrías participar como tertuliano en un programa de radio o televisión? Veámoslo.
Responde pausadamente a las siguientes cuatro preguntas:
- ¿Crees que el ciberterrorismo representa una amenaza seria para la seguridad ciudadana?
- ¿Crees que la Inteligencia Artificial quitará más puestos de trabajo de los que creará en los próximos cinco años?
- ¿Crees que el uso de smartphones con conexión a Internet afecta negativamente al desarrollo emocional de los adolescentes?
- ¿Tenías a tu disposición todos los datos y hechos necesarios para dar una respuesta completa y totalmente informada, analítica y razonada a las tres preguntas anteriores?
No sé qué habrás respondido a las tres primeras preguntas, es irrelevante “sí” o “no”, pero si estabas convencido de tu respuesta, ¡enhorabuena! Acabas de presenciar el efecto Dunning-Kruger en acción en tus propias carnes.
El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo identificado por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger en 1999. Este fenómeno ocurre cuando las personas con menos habilidad o conocimiento en un área sobreestiman su capacidad, mientras que las más competentes tienden a subestimarse. Dicho de otra forma: los que saben menos no saben lo suficiente para darse cuenta de cuánto ignoran y los que saben más son conscientes de las complejidades del tema y dudan de sí mismos.
Esto no significa que seas “malo” o “tonto” por caer en este sesgo. Es algo que nos ocurre a todos, en diferentes momentos y áreas de la vida. La buena noticia es que, con un poco de autoconciencia, podemos combatirlo.
¿Cómo caemos en él?
Nuestro cerebro tiende a simplificar el mundo porque enfrentarse a la complejidad constantemente sería agotador. Esto nos lleva a hacer juicios rápidos basados en una comprensión limitada. Fíjate qué clase de mecanismos alimentan el efecto Dunning-Kruger:
- Ignorancia de nuestra propia incompetencia: si no sabemos lo suficiente sobre un tema, no podemos reconocer qué es importante y qué no. Por ejemplo, alguien que nunca ha jugado al ajedrez podría pensar que es un juego sencillo porque no comprende las estrategias complejas que hay detrás.
- Sesgo de confirmación: solemos buscar información que respalde nuestras creencias en lugar de desafiarlas. Si creemos que somos buenos en algo, ignoramos las pruebas que indican lo contrario.
- Falsa confianza inicial: cuando aprendemos algo nuevo, experimentamos un aumento de confianza desproporcionado. Esto es lo que se conoce como la “cima del Monte de la Estupidez” en la curva de Dunning-Kruger.
- Comparaciones incorrectas: tendemos a compararnos con otros sin información suficiente, creyendo que estamos por encima del promedio en habilidades o conocimiento.

El crecimiento del conocimiento no reduce nuestra ignorancia, sino que la hace más visible.
Dunning-Kruger en el día a día
El efecto Dunning-Kruger está por todas partes. Aquí tienes ejemplos que probablemente has vivido o presenciado, porque nadie nos libramos, que conste:
- En debates políticos: una persona con poco conocimiento sobre política internacional podría opinar con gran convicción sobre cómo solucionar la guerra de Ucrania o el conflicto en Gaza, mientras que un experto titubea porque entiende la complejidad del problema.
- En el trabajo: el compañero que acaba de unirse al equipo y ya se piensa que puede gestionar mejor los proyectos que el jefe con años de experiencia.
- En la cocina: alguien que vio un reel de 2 minutos de un influencer de moda sobre cómo hacer sushi y está convencido de que puede competir con un chef con décadas de práctica.
- En redes sociales: usuarios que, tras leer un artículo superficial vete tú a saber dónde, se sienten capacitados para discutir con especialistas en temas como cambio climático o vacunas.
- En concursos de talentos: piensa en esos cantantes que desafinan terriblemente en audiciones televisivas, pero aseguran con total convicción ser las próximas estrellas de la música.
¿Cómo detectar que estamos cayendo en el efecto Dunning-Kruger?
Reconocer que podemos estar equivocados es el primer paso para evitar este sesgo. Es más, me atrevería a afirmar que reconocer la propia ignorancia es el primer paso hacia la sabiduría. Si detectas algunas de las siguientes señales en ti mismo, ¡peligro!
- Excesiva confianza en un tema nuevo: si acabas de aprender algo y ya te crees que sabes más que la mayoría, es probable que estés subestimando la complejidad del tema.
- Dificultad para aceptar críticas: si rechazas las correcciones o sugerencias de expertos, es posible que estés sobreestimando tu conocimiento.
- Simplificación excesiva de problemas complejos: si algo te parece “simple” y no entiendes por qué otros lo consideran complicado, tal vez no estés ni arañando la superficie del asunto.
- Tendencia a subestimar a los expertos: si crees que “no es para tanto” lo que hacen los especialistas en un área, podrías estar minimizando la profundidad de su conocimiento.
Parafraseando a John Wheeler:
“A medida que el círculo de nuestro conocimiento se expande, también lo hace la circunferencia de nuestra ignorancia”.
¿Cómo evitar caer en el efecto Dunning-Kruger?
- Nunca dejes de educarte: el conocimiento es la mejor arma contra este sesgo. A medida que aprendes más, empiezas a ver cuán vasto es un tema y cuán poco sabes sobre él.
- Busca feedback honesto: pregunta a personas más experimentadas sobre tu desempeño y escucha en silencio sus comentarios sin ponerte a la defensiva.
- Cuestiona tus propias creencias: desafía tus propias suposiciones y busca información que contradiga tus puntos de vista. Duro, ¿eh?
- Acepta la complejidad: reconoce que algunos temas no tienen respuestas fáciles y que no saber algo no es una debilidad.
- Compárate con estándares objetivos: en lugar de confiar en comparaciones subjetivas, busca medidas claras de competencia en un área.
¿Cómo detectar el efecto Dunning-Kruger en los demás?
Presta atención a estas señales:
- Exceso de confianza: personas que hablan con autoridad absoluta sobre temas que apenas conocen.
- Simplificación de problemas: propuestas “milagrosas” para resolver problemas complejos.
- Rechazo a la experiencia: descalificación de opiniones o investigaciones realizadas por expertos.
- Inmunidad a las críticas: personas que defienden su punto de vista sin considerar nuevas evidencias.
Cuando te encuentras con estas señales, evita la confrontación directa y haz preguntas abiertas que inviten a la reflexión, como “¿Cómo llegaste a esa conclusión?” o “¿Has considerado otra perspectiva?”. También puedes presentar información de manera indirecta, sugiriendo fuentes o ejemplos en lugar de imponer un argumento. Fomentar la duda y la curiosidad es más efectivo que corregir de forma abrupta, ya que la resistencia a cambiar de opinión suele aumentar cuando una persona siente que su conocimiento está siendo cuestionado. En algunos casos, la mejor opción es aceptar que el aprendizaje debe venir de la propia experiencia y permitir que el tiempo y la exposición a nueva información hagan su trabajo.
La humildad como antídoto
El efecto Dunning-Kruger no discrimina: nos afecta a todos en algún momento. Sin embargo, podemos combatirlo con humildad y una mentalidad abierta al aprendizaje. La próxima vez que te encuentres muy seguro de algo, detente y pregúntate: “¿Qué podría estar pasando por alto?”.
Recuerda que no es malo no saber algo, lo peligroso es no querer aprender más. Como dijo Sócrates:
“Solo sé que no sé nada”.
Y este es el verdadero inicio de la sabiduría.