Leyendo la siempre interesante newsletter de Marcos Vázquez me encontré con esta técnica retórica: el “bypassing”, más elegante y eficaz ante los errores o la información incorrecta en reuniones y presentaciones que intentar corregirlos. No va de confrontar, sino de redirigir. Después de leer este artículo, comprobarás que puede convertirse en tu mejor herramienta para mantener el control de una discusión sin generar fricción.

Qué es el bypassing y qué busca evitar

En términos sencillos, podríamos decir que el bypassing consiste en no oponerte frontalmente a una afirmación incorrecta, sino ofrecer una verdad alternativa, positiva y relevante, que cambie el marco de la conversación.

No corriges. Desbordas.

“¿Y esto de qué va?”, te estarás preguntando, con la imagen de tu cuñado o tu jefe en mente. Nada como unos cuantos ejemplos para entender mejor esta práctica y comprender su utilidad.

Ejemplo 1

“Ese proyecto fracasó porque el equipo no estaba preparado.”

Respuesta habitual corrigiendo (sin bypassing):

“Eso no es cierto. El equipo estaba perfectamente capacitado; los fallos fueron culpa del cambio de proveedor.”

Respuesta con bypassing:

“De hecho, este proyecto nos permitió detectar exactamente qué capacidades necesitábamos reforzar, y eso explica el salto de productividad del último trimestre”.

Ejemplo 2

“La campaña de marketing no funcionó porque el presupuesto fue mal gestionado.”

Respuesta habitual corrigiendo (sin bypassing):

“Eso no es correcto. El presupuesto se ejecutó según lo aprobado; el problema vino de un cambio en el algoritmo de las plataformas.”

Respuesta con bypassing:

“La campaña nos permitió medir mejor la eficacia de cada canal y optimizar inversión digital, lo que está guiando la estrategia del nuevo trimestre.”

Ejemplo 3

“El nuevo software está complicando el trabajo del equipo.”

Respuesta habitual corrigiendo (sin bypassing):

“No es verdad, el software no complica nada; el problema es que no lo habéis usado correctamente.”

Respuesta con bypassing:

“Al principio la curva de aprendizaje fue exigente, pero ahora estamos viendo una reducción del 20% en los tiempos de procesamiento y más coherencia entre departamentos.”

El mensaje erróneo pierde fuerza sin que tengas que negar nada.

Como no te enredas en corregir la afirmación incorrecta, no hay choque de egos. Solo una reorientación hacia un terreno más útil.

Por qué funciona en entornos corporativos

No te equivoques, el bypassing no es retórica para blandos ni va de agachar la cabeza humillado: se apoya en investigaciones recientes, como el artículo Bypassing versus correcting misinformation: Efficacy and fundamental processes. Estos estudios demuestran que, cuando alguien recibe una corrección directa, tiende a atrincherarse. En cambio, al escuchar una afirmación positiva relacionada, mantiene la mente abierta y es más receptivo a cambiar de opinión.

En el contexto empresarial, esta diferencia resulta crucial:

  • Los comités no buscan vencedores: buscan decisiones.
  • Las reuniones no premian quién tiene razón, sino quién consigue avanzar.
  • El tiempo y la atención son limitados: una batalla dialéctica cuesta más que un argumento redirigido con inteligencia.

Aikido argumental: mover sin oponerse

Reutilizando la metáfora de Marcos, piensa en el bypassing como aikido verbal: usas la fuerza del ataque del otro para guiar la conversación hacia tu terreno.

Igual que en el aikido, en lugar de bloquear, acompañas el movimiento y lo transformas:

  • Si alguien exagera un problema, destacas la oportunidad que revela.
  • Si alguien minimiza un riesgo, subrayas la medida preventiva que ya aplicáis.
  • Si alguien generaliza, aportas un dato concreto que reencuadre la conclusión.

El secreto está en aceptar el punto de partida sin validarlo y llevarlo un paso más allá con un hecho verificable o una consecuencia positiva. Como la famosa técnica del “sí, y …” del teatro de improvisación.

Cómo aplicar el bypassing en tus reuniones

Basta de cháchara, vamos a lo práctico. Si te decides por usar esta técnica, interioriza los siguientes pasos:

Paso 1. Escucha la intención, no solo las palabras

Detrás de cada objeción hay una preocupación legítima: riesgo, recursos, reputación o control.
Identifica qué teme realmente la persona antes de responder. Sé que escuchar a tu interlocutor es difícil, pero es lo que hay.

Paso 2. Reformula sin negar

Evita expresiones como “no”, “pero”, “en realidad”, que ponen al otro a la defensiva. Sustitúyelas por conectores que suenen colaborativos:

  • “Lo interesante es que…”
  • “Precisamente por eso estamos…”
  • “Y eso nos llevó a…”

Recuerda la técnica de impro: “sí, y …”

Paso 3. Introduce una verdad positiva y útil

Aporta un hecho, logro o evidencia que reoriente la discusión de forma constructiva:

  • “Los costes subieron, sí, y eso nos permitió revisar el modelo de aprovisionamiento que ahora ahorra un 12% anual.”
  • “Es cierto que hubo retrasos, y gracias a ello identificamos el cuello de botella en validaciones que ya está resuelto.”

Paso 4. Cierra reforzando el marco que te interesa

Termina la intervención con la conclusión que quieres que permanezca en la mente del público:

  • “En resumen, el aprendizaje del piloto es lo que nos ha hecho más sólidos para la siguiente fase.”
  • “El incidente confirmó que nuestra política de control funciona: detecta antes de que escale.”

Retorna siempre a tu mensaje. Cada pregunta, cada objeción, es una nueva oportunidad para dejarlo claro. Y para brillar.

Cuándo usarlo y cuándo no

Lo mismo te has enamorado de esta técnica y quieras usarla en cada reunión que se te presente. ¡Calma! No la conviertas en un martillo universal o solo verás clavos allí donde vayas. El bypassing resulta especialmente eficaz cuando:

  • Buscas mantener un tono constructivo en entornos jerárquicos.
  • Quieres proteger tu credibilidad sin entrar en confrontación.
  • Necesitas reconducir objeciones repetitivas sin agotar el tiempo ni la energía del grupo.

Ahora bien, no te lo recomiendo cuando:

  • Se trata de errores técnicos graves que exigen precisión inmediata.
  • La situación requiere asumir responsabilidad explícita (por ejemplo, ante un fallo operativo).

En estos casos, primero reconoce el error, luego introduce el bypassing para proyectar acción:

“Efectivamente, hubo una desviación, y ya hemos implementado la corrección que evita su repetición.”

Un hábito de liderazgo comunicativo

Dominar el bypassing te convierte en un comunicador que no discute, dirige. Evitas el desgaste de las réplicas y enfocas la atención donde realmente importa: soluciones, aprendizajes y próximos pasos.

La próxima vez que, en una reunión, alguien diga algo que sabes que no es del todo cierto, no corrijas. Respira, redirige y responde con propósito. Como si fuera aikido.

No se trata de ganar la discusión, sino de hacer que la conversación avance.

Infografía sobre el bypassing

[Infografía generada con Nano Banana Pro.]