Sergio tiene 35 años. Estudió informática y, desde la adolescencia, le ha encantado el hacking y la programación. Después de la carrera, trabajó dos años en una empresa de antivirus y luego tres años como pentester en una firma internacional de ciberseguridad, donde llegó a ser jefe de departamento. Luego, estudió un máster en Risk Fraud Management y escribió su Trabajo de Fin de Máster sobre Teoría de Juegos para detección de malware.

¿Qué crees que es más probable?

A. Sergio trabaja en un gran banco.

B. Sergio trabaja en un gran banco en la unidad de ciberseguridad, donde dirige un equipo de respuesta ante emergencias informáticas.


Si tu instinto te llevó a elegir la opción B, ¡no te preocupes, no estás solo! La mayoría de las personas a quienes les planteé este acertijo, basado en el libro de Daniel Kahneman Pensar rápido, pensar despacio, eligieron esa respuesta porque encaja perfectamente con la historia de Sergio. Tu mente adora las historias coherentes y convincentes. Pero, ¿y si te dijera que, en realidad, la opción A es más probable? Vamos a desenmascarar este engaño y descubrir los sesgos cognitivos que, una vez más, te juegan una mala pasada.

El poder de las historias y la falacia narrativa

Los seres humanos somos auténticos adictos a las historias. Buscas darle sentido al mundo a través de narrativas que conectan los puntos y dan coherencia a eventos aislados. Esta inclinación te lleva a caer en la falacia narrativa: creas explicaciones plausibles, pero no necesariamente verdaderas. En el caso de Sergio, la detallada historia de su carrera te hace asumir que necesariamente dirige un equipo de ciberseguridad en un banco. La narrativa es tan convincente que eclipsa las probabilidades reales.

Pero ojo, esta pasión por las historias puede ser peligrosa. Por ejemplo, después de una caída en el mercado de valores, los analistas suelen ofrecer explicaciones detalladas sobre las causas. Sin embargo, muchas veces esas narrativas son construidas a posteriori: no predicen futuros movimientos, pero te dan una falsa sensación de comprensión y control.

Sesgo 1: La falacia de la conjunción

El principal culpable aquí es la falacia de la conjunción. Este sesgo te lleva a creer que la probabilidad de que dos eventos específicos ocurran juntos es mayor que la probabilidad de que ocurra uno solo de ellos. Matemáticamente, esto no tiene sentido. La probabilidad de A (Sergio trabaja en un gran banco) siempre será mayor o igual que la probabilidad de A y B juntos (Sergio trabaja en un gran banco y además en la unidad de ciberseguridad dirigiendo un equipo).

Otro ejemplo clásico de esta falacia presente en el libro de Kahneman es el famoso problema de Linda. Linda es una mujer de 31 años, soltera, muy inteligente y que estudió filosofía. Como estudiante, estaba profundamente preocupada por cuestiones de discriminación y justicia social, y también participó en manifestaciones antinucleares. ¿Qué es más probable?

1. Linda es cajera de banco.

2. Linda es cajera de banco y activista feminista.

La mayoría elige la opción 2, aunque estadísticamente es menos probable que la opción 1, ya que incluye una condición adicional. Este ejemplo demuestra cómo tu intuición puede fallarte cuando no consideras las reglas básicas de probabilidad.

Sesgo 2: El poder de la representatividad

Este error se amplifica por el sesgo de representatividad. Tiendes a juzgar la probabilidad de un evento basándote en lo mucho que se asemeja a tu idea preconcebida de ese evento. Como Sergio tiene un perfil claramente orientado a la ciberseguridad, asumes que es más probable que esté en un puesto relacionado con eso. Ignoras información estadística relevante y te dejas llevar por la narrativa.

Considera a María, quien es ordenada, detallista y le encantan los rompecabezas. Si te preguntan si es más probable que sea bibliotecaria o trabajadora de una fábrica, podrías decir bibliotecaria. Sin embargo, hay muchas más personas trabajando en fábricas que en bibliotecas. Tu cerebro ignora las estadísticas y se deja arrastrar por el estereotipo.

Sesgo 3: Ignorando las probabilidades base

Otro sesgo en juego es la negación de la tasa base. No consideras cuántas personas trabajan en un gran banco en general versus cuántas ocupan puestos específicos en ciberseguridad. Hay muchas más posiciones en un banco que no requieren dirigir un equipo de respuesta ante emergencias informáticas, por lo que, estadísticamente, es más probable que Sergio simplemente trabaje en un banco en cualquier posición.

Pensemos en otro caso: si escuchas que alguien ha sido atacado por un tiburón, podrías pensar que nadar en el océano es extremadamente peligroso. Sin embargo, las probabilidades base de sufrir un ataque de tiburón son ínfimas comparadas con otros riesgos, como tener un accidente de coche camino a la playa. Al ignorar las tasas base, sobreestimas la probabilidad de eventos dramáticos, pero poco frecuentes.

Como decía Bruce Schneier: «si sale en las noticias, no te preocupes».

Sesgo 4: El sesgo de información irrelevante

Curiosamente, la información adicional puede distraerte. Al proporcionar tantos detalles sobre la experiencia de Sergio, se crea una narrativa convincente que te empuja hacia la opción B. Este fenómeno se conoce como sesgo de información irrelevante porque los detalles irrelevantes te hacen ignorar las probabilidades reales.

Por ejemplo, imagina que te hablan de un sospechoso de robo y añaden que «llevaba una gorra roja y tenía un tatuaje de dragón». Es más probable que creas en su culpabilidad que si solo te dicen que era un hombre de mediana edad. Los detalles adicionales, aunque no aportan información relevante sobre la probabilidad de que sea culpable, hacen que la historia sea más creíble y te distraen de evaluar objetivamente la situación.

Las historias más coherentes no son necesariamente las más probables

Tu pasión por las historias es una espada de doble filo. Si bien te ayuda a dar sentido al mundo, también te hace susceptible a la falacia narrativa y a otros sesgos cognitivos. Te dejas llevar por narrativas convincentes, ignorando datos y probabilidades. La próxima vez que una historia te atrape, tómate un momento para cuestionarla. Pregúntate si estás siendo influido por una narrativa seductora o si realmente estás considerando todos los hechos. Recuerda que no todo lo que encaja perfectamente en una historia es necesariamente cierto.

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