He visto al mismo científico dar exactamente la misma charla, palabra por palabra, transparencia por transparencia, ante dos audiencias completamente diferentes: público generalista y científicos de su misma disciplina. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que la misma presentación no puede funcionar para dos audiencias tan dispares. Tal y como afirma Christopher Witt, autor del excelente libro “Real Leaders Don’t Do PowerPoint”, “uno de los sellos que distinguen a los líderes es preocuparse por aprender todo lo posible acerca de la audiencia”. Buena parte del tiempo de planificación de tu presentación deberías dedicarlo a analizar e investigar a tu audiencia.

Si quieres que tus presentaciones destaquen, preocúpate por conocer a la audiencia

Conocer a tu audiencia facilita la comunicación y ayuda a crear una relación favorable y confortable. Antes de empezar a preparar una presentación, considera siempre las siguientes cuestiones sobre el tipo de audiencia:

1. ¿Cuántos son?

No es lo mismo hablar ante una sala prácticamente vacía que ante un auditorio lleno. No es lo mismo hablar ante un grupo pequeño que ante uno enorme. La energía fluye de formas muy distintas.

2. ¿Quiénes son?

¿Cuál es su profesión, negocio o trabajo? ¿Qué tipo de puestos desempeñan? ¿Cuál es su clase económica, social o cultural? ¿Qué tipo de estudios tienen? ¿Cuál es su rango de edad? ¿Cuál es la proporción de hombres a mujeres? ¿Qué tienen en común?

3. ¿Por qué están aquí?

Según Scott Berkun, autor de “Confessions of a Public Speaker”, existen pocas razones por las que una persona asiste a una conferencia:

  • Quiere aprender algo, ampliar sus conocimientos
  • Quiere que le inspiren, le motiven, le cambien la vida
  • Espera que le entretengan, pasar un buen rato
  • Tiene una problema que espera le resuelvan
  • Quiere relacionarse con otras personas interesadas en el mismo tema, hacer networking, ampliar su lista de contactos
  • Busca una experiencia positiva para compartir con otros
  • Le han obligado sus jefes, profesores, padres, …
  • Quiere resguardarse del frío o de la lluvia

Comprende las razones de tu audiencia y haz todo lo posible por satisfacerlas.

4. ¿Cuáles son sus inquietudes?

¿Qué es lo que no les deja dormir por las noches? ¿Qué problemas tienen? ¿Cuáles son sus miedos? ¿Existen tabús que no debas mencionar?

5. ¿Qué saben sobre el tema?

¿Cuál es su nivel de conocimientos de partida? ¿Conocen la jerga y acrónimos de tu disciplina? ¿Conoces tú la jerga y acrónimos de la suya? ¿Qué debería explicarse y qué darse por sentado?

6. ¿Cuál es su postura sobre el tema?

¿Cómo se sienten en relación a lo que será el mensaje central de tu presentación? ¿Están a favor o en contra de tu postura? ¿Son un público favorable, hostil, neutral? ¿Cómo podrían resistirse a tus ideas?

7. ¿Y a mí qué?

O como dicen los anglosajones: WIIFM?, esto es, What’s in It for Me? Mientras hablas, la audiencia no para de preguntarse “¿y a mí qué?”. Están evaluando de qué manera les afectará aquello de lo que estás hablando: ¿Qué beneficios obtendré? ¿Por qué debería importarme? ¿De qué manera se alinea con mis valores y preocupaciones? Ponte en el lugar de la audiencia y para cada una de tus ideas y transparencias hazte la misma pregunta. Si no les sirve de nada, ¿para qué incluirlo en la presentación?

8. ¿Cómo puedo llegarles mejor?

No todo el mundo aprende de la misma manera. Algunos prefieren la charla magistral seguida de preguntas y respuestas, otros prefieren la charla informal y otros no quieren charla alguna, sino ir directamente a las preguntas y respuestas. Algunos prefieren datos detallados y otros, las ideas generales sin los detalles. En definitiva, ¿son receptores pasivos o activos?

Deja de preocuparte por ti mismo y por tu imagen y preocúpate por la audiencia

Muchos ponentes cometen el error de creer que por el mero hecho de tener el micrófono en la mano y ser el centro de atención lo más importante en una presentación son ellos mismos. No te engañes. Lo más importante en una presentación es la audiencia, no tú. No hay mejor forma de mostrarle respeto que demostrar que te has preocupado en conocerla a fondo al preparar tu presentación. Entonces la audiencia sonríe, ríe y participa. La audiencia se siente importante, se siente incluida, se siente apreciada. Crearás un vínculo entre orador y audiencia rebosante de magia.

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