Nadie es tan sabio que no tenga algo que aprender ni tan humilde que no tenga algo que enseñar

Desde que soy niño mi padre siempre me ha repetido:

“Nadie es tan sabio que no tenga algo que aprender ni tan humilde que no tenga algo que enseñar.”

Algo que siempre me llamó la atención y admiré en él era su capacidad para no mostrarse humilde ante el arrogante ni arrogante ante el humilde.

Por desgracia, cuando presentamos en público, tendemos a dirigirnos a los extremos: o vamos de expertos, nos creemos los amos, hablamos con arrogancia y prepotencia; o vamos de víctimas, exudamos inseguridad y nerviosismo, nos expresamos con lenguaje dubitativo. Estas situaciones se radicalizan cuando la comunicación se realiza entre personas de posiciones jerárquicas muy distanciadas: médicos y pacientes, directivos y empleados, profesores y alumnos, científicos y público en general, grandes dignatarios y ciudadanos, expertos y legos, etc. La tremenda asimetría de estas relaciones daña gravemente la comunicación.

Que seas el centro de las miradas no significa que seas el centro del mundo

Cuando hables en público, ten la humildad de escuchar a la audiencia, de reconocer que no posees todas las respuestas. Los ponentes que se creen el centro de la conversación desarrollan la sordera del ego: desaprovechan la oportunidad de escuchar que brinda toda presentación. Antes que intentar que la audiencia vea a través de tus ojos, trata tú de ver a través de los suyos. No albergues la actitud del ponente ávido por enseñar sin aprender.

Que todos te miren no significa que vayan a devorarte

Cuando hables ante otros, no pienses en cómo impresionar, sino en cómo aportar valor. Habla desde el territorio común, desde las experiencias compartidas. La vulnerabilidad te hace humano, real. Conectarás mejor con la audiencia si no aparentas ser perfecto, si te interesas más por ella que por ti mismo.

Deja que tu ego sea simultáneamente grande y pequeño y ríete de su absurdidad

Estoy leyendo estos días la joya de libro sobre mindfulness que ha escrito Tan Chade-Meng, ingeniero de Google: Busca en tu interior. A continuación reproduzco un fragmento que me llamó poderosamente la atención. Confío en que, como a mí, a ti también te inspire a la hora de afrontar tus presentaciones ante personas de toda condición y nivel jerárquico:

“En la mayoría de situaciones, al relacionarme con la gente, permito que mi ego se haga pequeño, humilde, irrelevante, mientras que me concentro en aportarle bondad y beneficio a quienquiera con quien esté. Al mismo tiempo, dejo que mi ego crezca hasta cualquier tamaño que me permita no dejarme intimidar por quienquiera que tenga delante, da igual si se trata de Bill Clinton, de Natalie Portman, de un guardia de tráfico o de una gran audiencia viéndome a través de YouTube. En este sentido, imagino la autoconfianza como la capacidad de ser al mismo tiempo tan grande como el monte Fuji y tan pequeño como un insignificante grano de arena. Dejo a mi ego ser simultáneamente grande y pequeño, y me río en bajito de su absurdidad.”

Tan Chade-Meng, Busca en tu interior

Abandona la actitud de “Éstas son mis ideas y ahora siéntate y escucha”, y abraza la nueva actitud “Me siento y te escucho y ahora éstas son mis ideas adaptadas a lo que necesitas”.

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