Imagina que tu cuñado suelta en la cena:
“Creo en la democracia porque la mayoría de la gente puede decidir lo que es mejor.”
Tú replicas:
“¿Y por qué crees que la mayoría siempre sabe lo que es mejor?”
Y tu cuñado responde con una de las siguientes frases. ¿Cuál de ellas es la única que intenta justificarse racionalmente y que aceptarías con tu pensamiento crítico?
- Porque si no fuera así, la democracia no funcionaría.
- Porque históricamente los sistemas democráticos han tenido mejores resultados.
- Porque la gente tiene derecho a decidir su propio destino.
- Porque todos creemos en eso.
- Porque desde los griegos se ha hecho así en las sociedades civilizadas.
- Porque si no crees eso, ¿en qué vas a creer?
(Pista: solo una de estas respuestas intenta apoyarse en evidencia externa. El resto son espejismos lógicos que los escépticos griegos detectaron hace más de dos mil años).
Si la filosofía escéptica nos ha enseñado algo es que, en muchos casos, la mejor respuesta no es elegir un bando, sino suspender el juicio. Esto es exactamente lo que proponían los antiguos escépticos griegos con los cinco modos (o tropos) de Agripa: una serie de argumentos diseñados para mostrar que, cuando tratamos de justificar una creencia, terminamos atrapados en un callejón sin salida. No es que no podamos pensar o argumentar, sino que, al hacerlo, caemos en trampas lógicas de las que es difícil salir.
Nuestras certezas se sostienen sobre cimientos más frágiles de lo que estamos dispuestos a admitir. Y si queremos tomar decisiones racionales, necesitamos aprender a detectar estos problemas. Si bien no existen atajos ni balas de plata, el escepticismo es una potente herramienta para iluminar el sendero hacia las mejores decisiones racionales.
Los cinco modos de Agripa
Los cinco modos de Agripa son semejantes a una colección de espejos deformantes en una caseta de feria, que pretenden mostrarte que lo que consideras sólido y fiable tal vez no sea más que humo y espejos. Nos recuerdan que la certeza absoluta es un sueño esquivo, y tal vez sea mejor abrazar la duda y el cuestionamiento perpetuo.
Repasemos a continuación cuáles son estos famosos cinco modos de Agripa y algunas pistas sobre cómo aplicarlos en nuestro día a día.
1. El modo de la discrepancia: si nadie se pone de acuerdo, ¿quién tiene razón?
Este modo nos recuerda que para muchas afirmaciones importantes existen opiniones contrapuestas sostenidas con convicción por personas inteligentes. ¿Significa eso que no existe la verdad o que nadie tiene razón? No. Pero sí nos invita a investigar más antes de tomar partido.
Por ejemplo:
- Inversión en criptomonedas: unos las ven como el futuro del dinero, otros como una burbuja especulativa. Mejor investigar más y decidir con prudencia. Si no entiendes cómo funcionan, mejor no invertir en ellas solo guiado por consejos de cuñado.
- Dietas: cada semana surge un nuevo estudio que contradice al anterior. Mejor no casarse con una única doctrina alimentaria. Pon a prueba las teorías con pequeños experimentos personales.
Cuando veas una afirmación rotunda (por ejemplo, “el ayuno intermitente es la mejor dieta”), pregúntate si hay expertos que piensan lo contrario. Si los hay, quizá lo mejor sea investigar un poco más antes de casarte con una idea.
2. El modo de la regresión infinita: ¿dónde ponemos el punto final si seguimos preguntando y preguntando “por qué”?
Este es el clásico juego infantil del “¿por qué?”. Si dices que el café es bueno porque un estudio así lo afirma, alguien puede preguntarte: “¿Y por qué deberíamos confiar en ese estudio?”. Respondes: “Porque lo publicó una universidad prestigiosa”. Y el otro insiste: “¿Y por qué eso garantiza que sea cierto?”. Si seguimos así, terminamos en una cadena de preguntas sin fin.
Por ejemplo:
- Autoayuda: “Confía en ti mismo y tendrás éxito”. ¿Por qué? “Porque la base del éxito es la confianza”. Y si sigues preguntando, verás que la cadena de razonamiento nunca llega a una base firme.
- Política: un político afirma que una nueva ley es la mejor solución a un problema social. Cuando le preguntas por qué, responde que así lo afirman los expertos en su partido. Pero si preguntas por qué esos expertos son confiables, te dirán que lo son porque siempre han acertado en el pasado. ¿Ves la cadena?
Antes de aceptar algo como cierto, pregúntate cuántos niveles de justificación hay detrás. Si cada respuesta depende de otra sin llegar nunca a una base sólida, quizás la afirmación no sea tan firme como parecía.
3. El modo de la relatividad: ¿ves el mundo como es o como eres?
Nuestros juicios dependen del punto de vista, del contexto, de nuestras experiencias. Lo que parece razonable en un país o en una época, puede parecer inaceptable en otras.
Ejemplos prácticos:
- Noticias: según qué medio leas, un mismo hecho parece heroico o criminal. Cada medio presenta la misma situación desde su prisma. Exactamente igual que tú. ¿O te creías distinto?
- Éxito: para unos es dinero; para otros, prestigio; para otros, libertad. La verdad no es objetiva ni “está ahí afuera”, depende de los valores que asumas.
Cuando tengas una discusión acalorada, detente y pregúntate: “¿Estoy viendo esto de manera objetiva o mi experiencia personal me está sesgando?”. Este simple ejercicio puede salvarte de muchas discusiones innecesarias.
4. El modo de la suposición: cuando damos por sentado lo que no está demostrado
Muchas ideas se sostienen en afirmaciones que nadie cuestiona… hasta que alguien lo hace. Como explicó el padre de la sociología moderna, Émile Durkheim, muchas de nuestras creencias más profundas están moldeadas por una conciencia colectiva construida sobre grandes relatos compartidos que organizan el pensamiento social sin necesidad de demostración racional.
Por ejemplo:
- Negocios: “Los ricos trabajan más”. ¿Seguro? ¿Hay datos? ¿O solo una suposición cultural?
- Ocio: “Los videojuegos son malos para los niños”. ¿Todos? ¿Siempre? ¿En qué contexto?
Cada vez que escuches una afirmación que se asume como obvia, desafíala con un simple: “¿Cómo lo sabemos?”. Te sorprenderá cuántas veces todos aceptamos ideas o conceptos sin evidencia real. Sí, todos, tú también.
5. El modo del argumento circular: cuando las pruebas se apoyan en sí mismas
Un argumento circular parece razonable, pero da vueltas sobre sí mismo sin avanzar.
Ejemplos prácticos:
- Pseudociencia: “Este tratamiento funciona porque lo usa mucha gente”. “¿Y cómo sabes que funciona?” “Porque lo usa mucha gente”.
- Conspiraciones: “Sabemos que los medios mienten porque no hablan de esto”. “¿Y cómo sabes que es verdad?” “Porque no sale en los medios”.
En debates y reuniones de trabajo, detecta cuando la justificación de algo simplemente remite a la misma idea pero con diferentes palabras. Si una idea se apoya en sí misma, no es una verdadera prueba, ¡es una rosca!
¿Llevar el escepticismo hasta sus últimas consecuencias conduce al nihilismo?
En este punto puede surgirte una legítima preocupación, ya que llevar el pensamiento crítico hasta sus últimas consecuencias puede tener un efecto paradójico: si todo es cuestionable, si todo conocimiento es incierto… ¿en qué podemos confiar? ¿No corre el riesgo quien piensa demasiado de acabar atrapado en una niebla mental donde nada es firme?
Depende de cómo lo entiendas.
- Si ves el escepticismo como la demolición de toda certeza, puedes acabar en la desesperación. Este es un escepticismo pasivo, paralizante.
- Pero si lo entiendes como una forma de humildad epistémica, se convierte en una brújula intelectual. No estás renunciando a vivir ni a actuar, sino a hacerlo sin arrogancia.
Los escépticos antiguos no buscaban la desesperanza, sino la ataraxia: la tranquilidad del alma que surge al renunciar al dogmatismo.
¿Dónde poner el límite al aplicar el pensamiento escéptico?
Piensa como si tuvieras a la vista el siguiente semáforo:
🟢 Actúa con confianza provisional cuando haya evidencia razonable y consecuencias asumibles.
🟡 Actúa con precaución cuando la información es dudosa y los riesgos son altos.
🔴 Suspende el juicio cuando veas que no hay forma fiable de decidir.
¿Cómo evitar caer en el desánimo?
Tal vez estas pautas te ayuden a pensar como un escéptico sin caer en el nihilismo:
- La duda no es el final, es el inicio del pensamiento lúcido.
- Sustituye la necesidad de certezas por una ética de la revisión.
- Haz las paces con la imperfección.
- Confía más en los métodos que en las respuestas (te recomiendo leer el artículo sobre el método científico).
- Actúa, pero sin soberbia.
Pensar escépticamente es como caminar con una linterna en la niebla. Su haz no despeja todas las sombras, pero te permite ver lo suficiente para no tropezar. A veces avanzarás más lentamente. A veces retrocederás. Pero al menos no te precipitarás a ciegas por un acantilado solo porque alguien te dijo que “por ahí va el camino”.
Los cinco modos de Agripa no son una condena al nihilismo. Son un recordatorio de que el mundo es complejo, que nuestras ideas son frágiles y que, por eso mismo, vale la pena tomarse en serio el arte de pensar (críticamente).
Cuestiona todo. Cree menos. Piensa mejor.
Que no se me olvide. La opción correcta era la b: es la única que intenta apoyarse en evidencia empírica en lugar de suposiciones, tradiciones o argumentos circulares.